Globalización y educación
“Porque hay tanta distancia entre cómo viven los hombre y
cómo deberían vivir, que quien abandona el estudio de lo que se hace para
estudiar lo que debería hacerse, prepara más bien su ruina que su preservación”.
Maquiavelo.
.
La globalización desde el punto de vista
tecnológico ha impactado de manera significativa al ámbito educativo, ya que el
docente utiliza herramientas tecnológicas creando ambientes de aprendizaje
virtuales que le permiten estar a la vanguardia con la manera de enseñar y
transmitir los conocimientos a estas nuevas generaciones que viven
interconectados en un mundo digital.
Este fenómeno social permitió la flexibilidad
dentro del sistema educativo, recordemos que antes sólo existían las siguientes
modalidades: escolarizada que se caracteriza por una enseñanza presencial; el
sistema de enseñanza no escolarizado el cual está abierto todo público sin
importar la edad, la religión o el sexo, donde el único requisito indispensable
es la disponibilidad del estudiante para alcanzar la meta; por último el
telebachillerato que ha permitido incluir a las personas de otras provincias y
de escasos recursos.
En la
actualidad la modalidad virtual ha sido un boom para las nuevas generaciones
que trabajan y dependen de un salario para poder solventar las necesidades
personales y familiares, así como aquellos que tienen alguna discapacidad,
dando la oportunidad a este sector vulnerable de poder concluir sus estudios.
Sin embargo, está sociedad se torna ambigua
cuando se transforma en el verdugo de aquel que está frente a grupo atisbando
sobre el cómo reconstruir la identidad nacional a través de estrategias de
enseñanza aprendizaje que permitan guiar hacia la formación del ser humano.
Este es el otro lado de la moneda que no podemos
perder de vista, ya que la vocación del docente se ha visto marginada y
sometida a las nuevas reformas laborales que no reconocen la trayectoria
académica del profesor. Así es como la falta de respeto a la figura del docente
está supeditada a actos intimidatorios por parte de las autoridades
institucionales, junto con las campañas de desprestigio por parte de los medios
masivos de comunicación y padres de familia que se resisten a creer en la
educación.
Cuando la nuevas políticas educativas tengan
la capacidad de reconocer la labor del docente en el ámbito educativo podrán entender
que educar a un individuo que se encuentra inmerso en un mundo de violencia,
drogadicción y sobre todo que se encuentra una institución “educativa” que hace
creer a los “estudiantes” que pueden obtener excelentes calificaciones en una
semana sin haber asistido a clases durante todo el semestre no es fácil.
La educación no debe ser un discurso
demagógico para los que tiene el poder, sólo deberían tomar acciones éticas:
“Al arte del buen gobierno no le concierne la bondad o la maldad de las
intenciones del príncipe sino sólo la eficacia de sus acciones”.[1]
Es primordial no perder como punto de
referencia el contexto económico, social y cultural que se vive en la
actualidad, con el objetivo de solidificar el cumplimiento de las buenas
prácticas por organismos que validen el desempeño cualitativo de los actores de
la educación.
Afianzar los valores de una sociedad que se
jacta de poder integrar a otras culturas resulta imperante para la formación de
los individuos, ya que si éste carece de conocimiento será aún más difícil la
integración a la sociedad multicultural que se vive en la actualidad; por lo
tanto los proyectos educativos, que emergen de un crecimiento demográfico,
deberán estar orientados a la sustentabilidad social y económica de la nación.
[1] Villoro,
L. (1998). Valores en política. En El poder y el valor: Fundamentos de una
ética política (98). México: FCE.
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